Y realmente, se experimentaba un pequeno movimiento. Pero su velocidad logró como máximo el 10 % de los buenos resultados, y sólo en los casos, cuando el agua en el recipiente fue de 45°C. No obstante, el cuerpo humano nunca tiene una temperatura de 45°C, ya que ésta es letal. La temperatura de la superficie de la mano raramente excede los 35°C, incluso, a veces se pone bajo 32°C. Más tarde proyecté unos experimentos aún más exactos: en el pequeno platillo de cristal tendé unos alambres de platino capilares uno sobre el otro, y les dé unos impulsos electrónicos. Con la ayuda de un agente químico, disuelto en el agua podía alcanzar que el líquido se pusiera marrón a lo largo del hilo y esta capa de líquido colorada el agua la arrastrara consigo. Así podía seguir el movimiento también en el interior del líquido. La valoración de los resultados volvió a demostrar que ni corrientes, ni el movimiento de calor podían producir este fenómeno. A mi mayor sorpresa experimenté otra cosa muy interesante: la resistencia electrónica del líquido cambió de repente cuando el fenómeno del girar el agua se realizó. Este cambio siempre hacía disminuir la resistencia, lo que, según las experiencias anteriores, era algo inexplicable. Pero yo no me conformé con algunas medidas para poder estar seguro, por eso preparé unas cajas de cristal, y puse en ellas el recipiente lleno de agua. Pues así ni el movimiento de un viento exterior o corriente podía tener efecto al resultado.
Grababa estos experimentos, hechos con más o menos 500 personas, en varios colegios. Una tercera parte de los alumnos podía visiblemente hacer girar el agua con una velocidad rápida, mientras a la otra tercera parte el agua giraba de un modo menos espectacular. A la última tercera parte o ni se puso a mover o estaba dentro del límite de errores de las medidas.
Las medidas realizadas en gran cantidad resultaron una nueva experiencia: ocurrió que los mismos que una vez habían hecho girar el agua con éxito, durante una fronta o estando preocupados o nerviosos, no podían hacerlo ni menearse. Cuando pasó la fronta o el problema, volvieron tener la capacidad original de girar el agua. Fue muy interesante ver, que según pasaron las nubes, salió el sol, y todos se pusieron alegres, los resultados mejoraron inmediatamente. Pero en un tiempo tan corto no habrían cambiado de un grado demostrable la temperatura o la humedad, ni la temperatura de las manos, así la única explicación para este efecto eran los cambios sucedidos en el organismo.
Sin embargo, seguía sin entender el ser del giro y la causa por la cual se produce. ?Qué proceso de trasmisión entre energías podía generar el giro? Calculé que para que la velocidad angular del giro diera una vuelta (que era un resultado bueno), se necesitaban las siguientes condiciones: el líquido fuera bien salado, el gradiente magnético fuera cien veces mayor que la de la Tierra, el sujeto del experimento metiera la mano en el agua y entre sus dedos se produciera una corriente continua, de grado letal. Sin embargo, ninguna de estas condiciones estaba a disposición durante los experimentos, así que, para poder explicar este efecto, no tenía otra posibilidad que recelarme en algo desconocido. Les presenté el caso a varios de mis colegas. Todos tenían algunas ideas, pero los cuidados exámenes nos demostraron que con los efectos conocidos no se podía explicar el hecho del giro. Pues nos quedaron una pregunta insoluta y el ser del fenómeno. Como mis propios medios y posibilidades parecían insuficientes, acudié al director y le pide permiso para poder continuar la investigación oficial y legalmente, en el seno del Instituto. Él me aconsejó dirigirme a un amigo suyo, un académico, que había sido designado biofísico hacía poco. Esperaba mucho que los resultados documentados, grabados en más de 500 cintas, vídeos y fotos, los numerosos experimentos y la confutación de los argumentos por parte de los oponentes anteriores fueran a resultar suficientes para poder seguir con la investigación. Pero el académico no mostró ningún interés por mis resultados alcanzados hasta entonces. Después de dos minutos de consulta declaró que: “eso no me lo creo hasta que lo vea con mis propios ojos; un fenómeno así no existe, porque no puede existir, y no puede existir, porque no existe”. Al final de nuestra discusión me aconsejó categóricamente acabar inmediatamente con este trabajo, hundir los informes ya imprimidos (G. Egely: Experimental Investigation of Biologically Induced Energy Transport Anomalies. Informe de Investigación. KFKI 1986-94/k), y dedicarme a algo más rentable. Al prohibirme a seguir haciendo informes de investigación (que equivalía a la prohibición de la existencia del efecto) naturalmente el progreso perdió de su dinamismo y me costaba mucho más díficil. Pero la curiosidad de un investigador no me dejaba tranquilo, y, a pesar de la prohibición, seguía trabajando. No han permitido investigar oficialmente este fenómeno hasta nuestros días, y por mi comportamiento “oposicionista” me inflijieron todos los castigos que un investigador puede recibir.
Como las investgaciones básicas fueron bastante costosas, intenté elejir otro medio, que podía rendirme también un provecho práctico. Esperaba encontar a alguien en la Industria que apoyara la investigación de este fenómeno. Como resultaban demasiado difíciles y complicados de realizar, y requerían mucha exactitud, dejaba de estudiar los experimentos de girar el líquido, y pasé a examinar cómo hacer girar a los objetos sólidos. Mis amigos y conocidos me ayudaban mucho con eso, ya que yo no tenía tiempo para probar personalmente cada rotor y cojinete, construidos en cientos de versiones. La experimentación duraba varios anos. Nos costó mucho trabajo llegar desde los primeros modelos primitivos y bastos, hasta el aparato que Usted tiene ahora en las manos.
Necesitábamos al menos cien personas para probar cada uno de los cojinetes, formas de rueda y materias nuevos para ver si fueron mejores que los anteriores. Mientras tanto conseguimos mejorar también la sensibilidad del aparato, con una solución donde la rueda sensor no tocaba nada, y flotaba en el aire. Lamentablemente éste es bastante caro, por eso será usado más bien como aparato laboratorico o médico. (Pero de una distancia corta el aparato portable que Usted utiliza, tiene el mismo nivel de sensibilidad.)
En 1989 entregé la petición de licencia, que sigue estando en varias oficinas, causando mucha dificultad a los funcionarios. Uno de los funcionarios rechazó la licencia en el primer turno diciendo que el mismo aparato era conocido bajo el nombre de brújula. No le interesaban en absoluto los pequenos detalles que la parte giratoria estaba hecha de plástico y no contenía materia ferromagnética.
Otros investigadores e inventores también tropezaron con el mismo fenómeno, pero ellos pensaban que era el calor u otro factor conocido que lo causaba, y no algo inexplorado e independiente. Como el efecto es bien débil, y es muy díficil separarlo de los efectos naturales, el que no conoce en profundo las leyes de trasmisión de calor y energía, le puede parecer que se trata de un simple fomento. Pero para mí, que me dedicaba profesionalmente a los fenómenos de trasmisión entre energías, unas diferencias minuciosas, pero fundamentales me demostraron obviamente que se trataba de algo completamente nuevo para las ciencias. Hay pocos expertos que muestran interés por las anomalías biológicas, así es lógico, que no le hayan dado importancia a este fenómeno. Aunque ya hace cien anos estaba todo a disposición para empezar a estudiarlo, eso, por desgracia, no tenía lugar entonces, principalmente por los prejuicios.
También tendía encontrar la solución de la física del fenómeno. Me interesaba desde los principios qué habría pasado si el giro no se realizara alrededor de un eje vertical, sino de uno horizontal. Con tres anos de trabajo y al aplicar una flotación magnética, logré preparar un mecanismo de eje horizontal, con rozamiento mínimo. Sin embargo, nadie fue capaz de hacer moverlo, aunque la parte giratoria movía en un cojinete magnético igualmente fino que aquello del eje vertical.
Este aparato representa el “high-tech” de nuestros días. Y ahora no me refiero simplemente al pequeno ordenador, construido en el mecanismo, porque el fenómeno se presenta también sin electricidad. Podemos encontrar “high-tech” también en el propio aguje del cojinete. Puesto que en el pequenín punto de la punta hay una presión, que el ápice del aguje acero se derrite, y en este mismo acero derretido gira el mecanismo, por supuesto a medida pequena. A pesar de la aparente simpleza, teníamos que solucionar numerosos problemas técnicos, que, al final, lo conseguimos.
Durante todo el trabajo tenía ante mis ojos el objetivo de demostrar al mundo, qué gran tesoros son la energía vital y la salud, y nosotros somos que los dominamos. Cuidámoslas y protegémoslas! La fuerza puede acompanarnos!
Experiencias
Durante los miles de exámenes nos amontonaron muchas experiencias. Es importante acentuar que esta capacidad es mejorable; con estudiar y usar los métodos meditantes, al cambiar el estilo de vida se desarrolla mucho en breve tiempo.
Me parece una pena que los alumnos no puedan conocer estos métodos relajantes y meditantes en las escuelas. La escuela de hoy tiene como motivo desarrollar las aptitudes físicas, el saber léxico y el don de combinar de los alumnos, pero sobre las otras capacidades del cerebro, igualmente valiosas e importantes para la vida no se les ensena nada. Aunque también entre los adultos hay pocos que conocen estas posibilidades, quizá la suerte o sus experiencias del mundo se las ensenan.
Medidas realizadas en grandes grupos nos han demonstrado que los signos de carácter sí que cuentan. Los alumnos extrovertidos, optimistas, activos y dominantes tenían un nivel de vitalidad mucho más alto (y podían mantener este mejor resultado durante un tiempo más largo), que sus companeros callados, introvertidos, pesimistas y ariscos. Es interesante que en el caso de las chicas adolescentes también se mostraba el efecto de la belleza. Las chicas bellas probablemente hayan recibido más estímulo y más opiniones positivas que sus companeras menos afortunadas.
La vitalidad, de manera interesante, no mostraba una fuerte relación con los resultados de los estudios. Aunque los alumnos con mejores resultados tenían una vitalidad superior al medio, y el practicar deportes aumentaba aún su potencia, no eran ellos que lograban los resultados realmente sobresalientes.
Como ya lo he mencionado, hacíamos medidas con miles de personas, aunque en las actas aparecen solamente los resultados de unos 1100 sujetos. Fue evidente la experiencia según la cual las personas con una enfermedad aguda apenas podían hacer mover la rueda (independientemente de la fiebre que tenían), mientras en caso de los terapéuticos y los hombres de negocio acertados ésta giraba con un número de vultas bien alto. Esta experiencia no mostraba ninguna excepción. Las numerosas experiencias y los miles de exámenes me convencieron definitivamente de que se trataba no sólo de algún tipo de coincidencia casual, sino de un fenómeno individual.
Los valores de vitalidad más altos (superiores a 400%) los mostraban loa alumnos que no siempre podían adaptarse al estricto orden de las escuelas, pero que, a la vez, eran muy susceptivas a los métodos meditativos, tenían una relación estrecha con los amigos y les prestaban mucha atención y tenían algo de la llamada “carisma”.
Si ellos se ponían a unos metros de la persona examinada, los resultados se mejoraron obviamente. Aunque, si se lo pedía, también podían lograr el efecto contrario, o sea en estos casos la vitalidad de la persona examinada se disminuía de alto grado. Para eso no necesitaban tocar el sujeto de la medida, la mejora y la recaída las lograban con su simple voluntad.Todo eso fue otra razón importante, que me convenció sobre la realidad del fenómeno. Me justificó el hecho de que esta energía era algo conocido, pero aún sin explorar. También nos interesaba si dos, tres o cuatro personas juntas podían hacer mover la rueda más rápido, es decir su vitalidad se unía o no. El nivel común se aumenta realmente hasta un cierto punto, pero la diferencia no es significativa. Es como si conectáramos paralelamente unas pilas gastadas. Había casos cuando dos o tres personas juntas lograron unos resultados mucho peores, que uno por uno, si no se conocían o no tenían buena relación entre sí. Las relaciones interpersonales, o sea el simple hecho de quién está a nuestro lado o a nuestras espaldas, también puede influir considerablemente en los resultados.
En fin y sólo por curiosidad tengo que mencionar que el mejor resultado tuvo Ernõ Rubik, el inventador húngaro del “cubo mágico” (en una de las primeras versiones del aparato): la rueda dió 35 vueltas al minuto, que equivale a un nivel CV de casi 600%.











